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SIEMPRE QUE - Céline Croze
"Siempre que estemos vivos nos veremos".
"Mientras estemos vivos, nos veremos".
Esas fueron las últimas palabras que me dijo Yair. Estábamos enla azotea del bloque 11, la niebla envolvía Caracas, el estruendo frenético de la ciudad sonaba como un canto fúnebre. Fue como una bala en el corazón. La conciencia de su propio final tenía algo de terrible y sublime a la vez. Todo estaba dicho. La urgencia de la vida, la fascinación por la muerte, el colapso del país.
La extrema violencia y lo absurdo de la situación daban la impresión de que la vida no era más que un juego. Recordaba la gallina (la arena de peleas de gallos) de hacía dos días. El olor a sangre mezclado con el ron y el sudor, los gritos de rabia, la excitación de cada hombre. Un trance impalpable embriagaba la arena. Como si todos estuviéramos locos. Como si la sangre, la muerte y el poder nos hicieran sentir más vivos.
La energía caótica de la ciudad resonaba en cada combate como una danza que se despliega, que permanece y llora impotente.
Un mes después, Yair fue asesinado. Tenía 27 años.
Mis andanzas por Latinoamérica estuvieron salpicadas de otros encuentros impactantes. Al igual que esos gallos de pelea, veía a seres que bailaban y se aferraban al caos. En cada ocasión encontraba allí esa misma sensualidad insolente, como una furiosa provocación, como el grito de un adolescente que se divierte con el peligro, condenado y libre.
Publicado por Lamaindonne, 2022
18 cm 24 cm, 120 pages, muy buen estado
ISBN
"Siempre que estemos vivos nos veremos".
"Mientras estemos vivos, nos veremos".
Esas fueron las últimas palabras que me dijo Yair. Estábamos enla azotea del bloque 11, la niebla envolvía Caracas, el estruendo frenético de la ciudad sonaba como un canto fúnebre. Fue como una bala en el corazón. La conciencia de su propio final tenía algo de terrible y sublime a la vez. Todo estaba dicho. La urgencia de la vida, la fascinación por la muerte, el colapso del país.
La extrema violencia y lo absurdo de la situación daban la impresión de que la vida no era más que un juego. Recordaba la gallina (la arena de peleas de gallos) de hacía dos días. El olor a sangre mezclado con el ron y el sudor, los gritos de rabia, la excitación de cada hombre. Un trance impalpable embriagaba la arena. Como si todos estuviéramos locos. Como si la sangre, la muerte y el poder nos hicieran sentir más vivos.
La energía caótica de la ciudad resonaba en cada combate como una danza que se despliega, que permanece y llora impotente.
Un mes después, Yair fue asesinado. Tenía 27 años.
Mis andanzas por Latinoamérica estuvieron salpicadas de otros encuentros impactantes. Al igual que esos gallos de pelea, veía a seres que bailaban y se aferraban al caos. En cada ocasión encontraba allí esa misma sensualidad insolente, como una furiosa provocación, como el grito de un adolescente que se divierte con el peligro, condenado y libre.
Publicado por Lamaindonne, 2022
18 cm 24 cm, 120 pages, muy buen estado
ISBN